lunes, 16 de marzo de 2020

Recursos cohesivos



La cohesión: un tejido de conceptos
Evidentemente un texto es bastante más que una rápida e irreflexiva enumeración de ideas.

Un texto “es una secuencia ordenada de enunciados que responden a un tema central y que constituyen una unidad comunicativa”.

Un mensaje puede convertirse en texto a partir de “entramar” correctamente sus conceptos con el fin de formar un “tejido” coherente (cuyos conceptos responden a un mismo tema global) y cohesivo (donde los elementos gramaticales se conectan perfectamente entre sí).

La cohesión es la propiedad textual que supone que las oraciones están vinculadas y conectadas entre ellas por elementos concretos que permiten acceder al sentido del texto, porque un texto no es una suma de oraciones sino el producto de las relaciones que se establecen entre ellas.

Para que un texto tenga cohesión contamos con distintos procedimientos que la lengua nos ofrece. Una forma de establecer la cohesión de un texto es a través del vocabulario, es decir, del léxico, de las palabras que se emplean y de las relaciones entre ellas. La más elemental de las conexiones que puede lograrse a través del léxico es mediante la repetición de palabras. Cuando una palabra se repite nos ayuda a identificar el tema del texto dado que aquello que se repite es colocado en una situación de relevancia.
Sin embargo, las repeticiones excesivas pueden resultar tediosas y generar confusión en el lector. Para evitarlo es necesario utilizar expresiones equivalentes, es decir, palabras o frases de igual o parecido significado (como "herencia" y "legado"), a las que llamamos sinónimos. La sinonimia es otro de los recursos que otorgan cohesión a un texto, lo podemos observar en el siguiente ejemplo: “Encontraron  el coche en un descampado. El automóvil estaba abierto y carecía de ruedas”.
Por otra parte, también se puede evitar la repetición de una palabra recurriendo al recurso de la hiperonimia. Los hiperónimos son términos que tienen un significado que abarca al de otras palabras, por ejemplo, “perro” es el hiperónimo de “rotweiler”. En un breve texto como el siguiente nos permitiría evitar la repetición: “Caminaba tranquilamente y me encontré un rotweiler. El perro trató de acercarse pero lo esquivé”.
La antinomia es otro recurso cohesivo relacionado con el vocabulario y, como en el caso de la sinonimia, se establece siempre a partir del texto, es decir, del uso concreto que se le da a las palabras dentro del texto.
En ocasiones, una palabra puede ser sustituida por otra que no tiene significado sino que aporta datos gramaticales. Se trata de formas que incluyen marcas como la persona, el género, el número o la función sintáctica. Los marcadores gramaticales por excelencia, si bien no son los únicos, son los pronombres.  Por ejemplo,  pronombres personales como él, ella, nosotros, etc, posesivos como su, nuestros, etc y demostrativos como este, aquel, allí, etc. Así, para sustituir “el experimento de Víctor” puedo decir su experimento (es decir, el de Víctor).
A su vez, la elipsis consiste en la supresión de una palabra que ha aparecido antes en el discurso. Cabe tener en cuenta que hay elipsis cuando el elemento debería estar, pero no cuando no es necesario, para darse cuenta es útil reponer ese elemento y ver si resulta redundante o no.

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